Cada palabra extirpada de mis labios,
no será ninguna oxidada hélice,
servible para tu trasatlántico de ignorancia
no lo será…
será solo una palabra tras otra,
manchada de rojo…
recién arrancada de mi tronco agotado,
preguntándose en su huida
una y mil veces...
una y mil veces...
¿que culpa tiene la mala hierba de no gustarle al ser humano…?
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