Las camas que me asisten,
son las fans mas absolutas
de ataudes que relucen...
y otra noche duermo en ellas,
incubando la flaqueza
del cansancio envuelto en llamas,
con los filos de delirios
espantando a las ovejas
que mueren
sin ser contadas...
me despierto y me compadezco
al comprobar que otra mañana
yo y mi cuerpo siguen vivos,
y hago un rezo a falsas hadas,
súbditas de tu mandato,
que se crecen
cuando descubren,
el mal sabor de aquello
a lo que aspiro,
sin prisas,
con excesivas pausas,
y con cientos de tropiezos,
siempre en la misma...
indesgastable piedra...
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